jueves, 27 de marzo de 2014

UNIDAD I



CONCEPTOS Y EVOLUCION HISTORICA DE LA COMUNIDAD

1.1       Conceptos y tipos de comunidad

Hablemos de la comunidad. Ella es la noción clave, la noción centro, el ámbito y motor fundamental, actor y receptor de transformaciones, sujeto y objeto de esta disciplina llamada trabajo social comunitario y, a la vez, antecedentes presencia constante en la vida social comunidad es un término polisémico, complejo y confuso. Examinaremos, pues como ha sido definido este concepto.
En este campo se define como un fenómeno social y, como veremos, particularmente psicosocial, que deriva de su denominación de lo común, compartido, que toca a todos aquellos agrupados en función de determinados móviles intereses o aspectos.
Las sociales tiene una tradición de dos siglos en relación con el concepto e comunidad(al respecto, véase wiesenfeld, 1997), el cual fue tratado ya desde los inicios de las sociología para distinguir formas grupales asociativas menores  que la sociedad y a al vez distintivas. En 1984 y luego 1988, con base en la experiencia de trabajo tanto propia como de otros investigadores define la comunidad como:
Un grupo social dinámico, histórico y culturalmente constituido y desarrollado, preexistente a la presencia de los investigadores o de los interventores sociales, que comparte intereses, objetivos, necesidades y problemas , en un espacio y un tiempo determinados y que genera colectivamente una identidad, así como formas organizativas, desarrollado y empleando recursos para lograr sus fines.
Para mí la comunidad o una comunidad es la búsqueda de un punto de encuentro, donde se logran precisar las necesidades de ese ámbito y llegar a ese punto de encuentro, eso en términos más llanos es una comunidad; que te integres con tu vecino, con el que no es vecino… entonces llega un momento en que llegas a eso, al punto de encuentro.
1.2       Evolución Histórica del trabajo social comunitario
La conceptualización del Trabajo Social ha ido elaborándose a través del tiempo, siguiendo a Natividad de la Red se puede observar esa evolución, primero comenzó definiéndose como ayuda técnica, es decir, soporte de los Servicios Sociales para atender a los necesitados; después pasó a considerarse actividad precientífica, la escuela diagnóstica y funcional influyen aportando elementos para profundizar en el conocimiento del usuario y en la humanización de la relación profesional. Posteriormente, el concepto de Trabajo Social pasó a entenderse como profesión específica mostrándose como una actividad profesional cuyo fin se orienta al “reconocimiento de unos valores humanos: dignidad y responsabilidad, y de unas capacidades humanas generadas por las relaciones interpersonales de colectividades con recursos para sus miembros” (de la Red, 1993: 139). Pero, es a partir de 1980 cuando comienzan los primeros intentos de conceptualización, aunque los teóricos que definen este término siguen manteniendo algunos aspectos discrepantes. Incluso, se ha aportado una explicación a la dificultad para definir el término entre cuyas causas se encuentran opciones ideológicas y políticas de fondo. Sin embargo, se podrían destacar dos tendencias dominantes, por una parte, aquellas definiciones que lo describen como “una práctica social que busca la adaptación de los individuos al medio social […] y aquellas que lo conceptualizan como el desarrollo de la conciencia crítica de la población” (Martínez Martínez, coord., 2000: 30).
Sin embargo, en el esfuerzo por descubrir aquellos elementos que están presentes en todas las definiciones de algún modo se pueden analizar los siguientes:
En cuanto al objeto del Trabajo Social, se ha de tener en cuenta que su delimitación es compleja, puesto que se podría hacer una distinción entre el objeto de investigación y el objeto de intervención, lo cual también influirá en la consideración del Trabajo Social como disciplina científica o como práctica profesional, y, también repercutirá en los métodos y técnicas que se entenderán como propios del Trabajo Social puesto que éstos podrán ser entendidos desde la actividad científica o desde la práctica profesional (Martínez Martínez, coord., 2000).
A través de la historia el objeto del Trabajo Social se ha definido de varias formas, primero como la relación entre el individuo y la sociedad (1937-1980); después se ha conceptualizado a partir de las necesidades sociales (1979-1990); posteriormente se ha definido a través de su localización en la vida cotidiana, es decir, a partir de las relaciones que se van produciendo en el tránsito de la vida (1976-1986), y, por último, también se ha definido el objeto del Trabajo Social a partir de la tensión dialéctica entre individuo y sociedad (1986-1991). Pero, realmente, quienes definen el objeto del Trabajo Social son quienes de acuerdo a ciertos intereses y objetivos determinados en la realidad social consideran determinadas situaciones como necesitadas de intervención o apoyo profesional (Fernández García, coord., 2009). Esta afirmación tiene bastante sentido, puesto que quienes hacen las leyes, plantean los sistemas económicos y elaboran las políticas sociales, son quienes deciden quién puede formar parte de este sistema y quién se quedará fuera, y porqué.
Desde otro punto de vista menos crítico a las estructuras sociales, se puede considerar como el objeto del Trabajo Social todo aquello de la vida real que estudia científicamente el Trabajo Social para transformarlo mediante su particular acción (de la Red, 1993). En definitiva este objeto, en palabras de Mendoza, citado por Natividad de la Red, y Mª José Escartín Caparrós y Esperanza Suarez Soto, podría resumirse en aquel “hombre determinado por una necesidad que emprende su búsqueda para satisfacerla, poniendo en juego su dinámica humana y su experiencia de movilización social” (de la Red, 1993: 166; Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994: 80). No se trata de un objeto dado, sino que este objeto se construye en la práctica, en el tránsito de la necesidad a la satisfacción (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994).
El Trabajo Social puede ser considerado una disciplina científica por ser una materia de conocimiento 1) sobre el ser humano, 2) sobre la situación-problema que dificulta el logro de su desarrollo integra, y 3) sobre el medio, entendido como los elementos de la realidad donde el ser humano desarrolla su existencia. Además, es un ejercicio sistematizado que implica una metodología y unas técnicas de carácter científico-social. Y, en tercer lugar, tiene una finalidad u objetivo que, por una parte es la búsqueda de respuesta a necesidades individuales concretas, y por otra, es la consecución del bienestar social (de la Red, 1993).
1.3       Tendencias del Entorno Comunitario
En contraste con la posición de Ander-Egg, otra perspectiva del Trabajo Social como ciencia sería considerar que no tiene objeto de investigación propio, ni método de investigación puesto que no es esa su finalidad, sino que su pretensión como disciplina científica no es el conocimiento, sino el cambio social, y la transformación de la vida social. Así pues, los métodos no son propios de la ciencia sino de la intervención social puesto que están destinados a promover la transformación de la realidad (Martínez Martínez, MJ. coord., 2000). Todo lo anterior situaría al Trabajo Social como “una disciplina social basada en el análisis de la sociedad que realizan diferentes ciencias sociales y que utiliza un conjunto de técnicas de intervención social aplicadas al cambio social” (Martínez Martínez, MJ. coord., 2000: 34)
Dentro del campo del conocimiento se puede establecer un matiz entre el Trabajo Social como disciplina académica y como ámbito de conocimientos. La primera concepción parte de la propia evolución del Trabajo Social, se requieren profesionales cada vez más cualificados y esto ha provocado que la formación académica cada vez sea más completa. Así pues, el Trabajo Social actualmente está a la altura de otras disciplinas sociales como la educación, la psicología o la sociología. En cuanto a la consideración del Trabajo Social como ámbito de conocimiento, su importancia radica en las cuestiones que ya se han señalado por otros autores, es decir, en el uso de métodos para la generación de conocimientos y la unión entre la práctica de la investigación y el análisis teórico (Fernández García, T. coord., 2009).
En cuanto a la actividad, se trata de una profesión que se desarrolla dentro de: 1) un contexto social, que es el de los servicios sociales y organizaciones sociales que se implican por dar respuesta a las necesidades sociales, y, 2) dentro de unos niveles de acción individual, grupal y comunitario, así como, político, histórico y organizativo. Además, estas acciones están interrelacionadas y no se desvinculan del objeto de estudio e intervención (de la Red, 1993). Así mismo, Ander-Egg, considera la actividad del Trabajo Social como una práctica (por ser una forma de intervención social) orientada a actuar sobre aquellos aspectos de la realidad social para conseguir resultados específico y metas preestablecidas (Ander-Egg, 1992).
La consideración del Trabajo Social como profesión está extendida, y esto es posible, debido a la finalidad que se le otorga. Es decir, si sus funciones prácticas de delimitan será más sencillo considerarlo una profesión. De este modo, si la finalidad de Trabajo Social es ayudar a aumentar el bienestar social de las personas, los grupos y las comunidades a través de la resolución de conflictos sociales y la potenciación de la autonomía e independencia de las personas para hacer frente a los mismos, el Trabajo Social puede ser entendido como profesión (Fernández García, T. coord., 2009).
Otra característica es el proceso de sistematización de la acción, que supone la superación del “conocer para actuar” y del “actuar para conocer” puesto que se consiguen integrar ambas opciones de manera circular haciendo que las aportaciones de una contribuyan al desarrollo de la otra y viceversa (de la Red, 1993).
Para conceptualizar el Trabajo Social resulta crucial establecer cuál es su finalidad. En este sentido, su objetivo general “se sitúa en un proceso que, desde el respeto la promoción de la autonomía y ambientando los recursos personales, del contexto e institucionales, se orienta hacia la facilitación del acceso a los recursos de los individuos-grupos-comunidades que plantean demandas o carencias socialmente reconocidas de responsabilidad pública” (de la Red, 1993: 151).
Aquí se puede incluir lo que Ander-Egg denomina “filosofía del propio quehacer” que no es más que la intencionalidad de la acción del Trabajo Social, la cual tiene el fin último de mantener, mejorar y transformar la realidad social (Ander-Egg, 1992).
Conocer la finalidad permite visualizar cuáles van a ser las funciones específicas de quehacer profesional de los trabajadores sociales, de este modo, según B. Werner, citado por Natividad de la Red, las actividades del trabajador social pueden agruparse en: 1) satisfacer las necesidades del individuo y la sociedad; 2) restaurar las capacidades disminuidas futuras, y, 3) prevenir las eventuales disfunciones (de la Red, 1993: 153).
En definitiva, la relación entre todos los elementos anteriores es la que permite desarrollar una definición sobre el concepto de Trabajo Social, pudiéndose entender como “proceso de ayuda por el cual el profesional, a través de técnicas y procedimientos propios, promueve los recursos de la comunidad y del individuo para ayudar a éste a superar conflictos derivados de su interrelación con el medio y con otros individuos” (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994: 74).
El Trabajo Social, por tanto, podría resumirse en las características siguientes: 1) es un saber específico especializado; 2) tiene un carácter técnico, que a adecuado nuevos análisis, reflexiones teóricas, métodos y técnicas a la evolución de las circunstancias sociales, políticas, económicas y culturales del momento; 3) está dotado de una fundamentación crítico-científica; 4) cuenta con autopercepción profesional, es decir, los profesionales del Trabajo Social son conscientes de sus funciones y se ven a sí mismos como profesionales con objetivos concretos, precisos y diferentes a cualquier otros marcados por otras disciplinas sociales; 5) cuentan con cierto nivel de institucionalización (legislación, colegios profesionales…); 6) poseen un código de valores éticos que regulan su comportamiento profesional, y, 7) cuentan con el reconocimiento social de sus funciones (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994).
No obstante, aunque la delimitación del concepto no sea una cuestión sencilla, se puede llegar al acuerdo sobre la aplicación del término Trabajo Social según el alcance que se pretenda obtener de él. En este sentido, se puede destacar la diferenciación que realiza Ander-Egg diferenciando entre la definición para: 1) designar una profesión; 2) para hacer referencia a una ciencia con cuerpo teórico y metodológico aplicado a ciertas formas de intervención social, y, 3) para aludir a las formas operativas de intervención sobre la realidad social (Ander-Egg, 1992).
En definitiva, pese a la disparidad de enfoques y a la dificultad de su definición, sí existe coincidencia en destacar ciertos elementos que están presentes de algún modo en su concepto. Como se ha analizado, Natividad de la Red, en coincidencia con otros autores, refleja la interdependencia entre los diferentes elementos que integran la definición de Trabajo Social, puesto que la definición del objeto, de las funciones y de los objetivos implica ciertos conocimientos, habilidades y actitudes, que a su vez repercutirán en los resultados de la acción, los cuales podrán volver a configurar el enfoque del objeto, de las funciones y de los objetivos

1.3.1  Economía
La principal contribución de la economía al Trabajo Social parte de la idea de que las necesidades humanas son ilimitadas pero los recursos para cubrirlas son limitados. Por lo tanto, resulta imprescindible realizar una elección y decidir cómo asignar los recursos escasos para producir unos bienes u otros, y, de este modo, optimizar recursos. En este sentido, los trabajadores sociales tienen una gran función, porque una de sus labores consiste precisamente en planificar, administrar, gestionar, evaluar programas sociales, e incluso, dirigir centros de Servicios Sociales (Fernández García, coord., 2009). En definitiva, algunas de sus funciones tienen muy presente esta decisión sobre la economicidad de los recursos sociales disponibles.
Así mismo, necesitan conocer el mundo económico que les rodea desde una perspectiva macroeconómica que ofrezca el funcionamiento de los mercados, las dinámicas de desigualdad y las causas que obstaculizan dicha igualdad. El trabajo social tiene en cuenta la economía, el nivel de pobreza o las diferentes tasas de desarrollo humano que son útiles para detectar las causas estructurales de las desigualdades.
Al mismo tiempo, el plano microeconómico ofrece una visión de la distribución de los recursos económicos dentro de un país, según las prioridades políticas en conexión con la idea del bienestar social, lo cual repercutirá de modo directo en los servicios sociales (de la Red, 1993).
1.3.2  Sociologia
La sociología es “el estudio de la realidad social, de sus estructuras y su funcionamiento” (Fernández García, coord., 2009: 222). Además, su metodología se basa en la acumulación de conocimientos sobre fenómenos que sean concretos, que se puedan cuantificar y que sean comprobables, lo cual supone una fuente de conocimiento con un alto grado de fiabilidad para el Trabajo Social. Los trabajadores sociales deben conocer el contexto social en el que se desenvuelven, el momento histórico en que el viven, las características y consecuencias económicas, políticas, sociales, culturales, y estructurales, de ese momento, así como, las necesidades, los problemas sociales, las desigualdades y los recursos de la sociedad en que se desarrolla su labor profesional (Fernández García, coord., 2009). Toda esta información puede aportarla la disciplina sociológica por el interés de esta disciplina en el desarrollo de estudios y teorías que ofrezcan una perspectiva general a todo lo anteriormente mencionado.
No obstante, la sociología también muestra diferentes corrientes de pensamiento, las cuales han realizado aportaciones diferentes al Trabajo Social, y según las corrientes, la visión de los aspectos estudiados en sociología variará.
Desde el positivismo desarrollado por Augusto Comte, lo esencial es “la estructura social con sus caracteres y órganos permanentes y el impulso que se manifiesta en la humanidad en su progresar incontenido” (de la Red, 1993: 116). Lo principal es la investigación empírica para lograr conocer los fenómenos sociales, la estructura y el cambio. El funcionalismo, por su parte, a través de Durkheim, proponía un cierto utilitarismo en las acciones, que estuviera orientado al mantenimiento del orden establecido en las sociedades, es decir, todo en la sociedad tiene una función social. Se trata de “fortalecer el poder individual para incrementar el funcionamiento social” (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994: 154).
Como resumen de todo lo anterior se podría considerar que la Sociología aporta al Trabajo Social un conjunto de evidencias científicas sobre la realidad social en la que se producen los procesos de exclusión social e inclusión social, y estos, en resumen, son parte de la labor profesional de los trabajadores sociales (Fernández García, T. coord., 2009)

1.3.3  Ciencias Politicas
Las perspectivas que propone el Estado de Bienestar deben conseguirse de manera práctica a través del establecimiento de nuevos criterios de planificación social que permitan complementar la eficiencia entre economía y equidad social. Para ello, la Política Social ha de ser un elemento activo que permita, a través de la toma de decisiones y el conocimiento sobre las demandas y las necesidades emergentes en el contexto, orientar la planificación de las fórmulas sociales para avanzar hacia la consecución del Estado de Bienestar. En este sentido, los Servicios Sociales son los medios que utiliza el estado y el gobierno para concretar la Política Social (de la Red, 1993).
En este sentido, la labor de los trabajadores sociales es fundamental en la búsqueda constante del bienestar social y en la participación comunitaria para hacer frente a las dificultades estructurales que condicionan la vida de los ciudadanos (Fernández García, coord., 2009).

1.3.4  Jurídicas (Marco Legislativo)
El Trabajo Social nace unido a la defensa de unos derechos: individuales, sociales, económicos, políticos, etc. La persona desde que nace hasta que muere está sujeta a la aplicación de unos derechos, y el Trabajo Social, velará por que se cumplan los derechos que incumben a su ámbito profesional. Así pues, el derecho aporta al trabajo social: comprensión sobre su concepto y funcionamiento para aplicarlo a la profesión del trabajo social; información general sobre el sistema legal y la estructura de los elementos de la legislación actual; interpretación del ordenamiento jurídico de acuerdo con los valores éticos y democráticos; desarrollar la capacidad de negociación, argumentación y mediación con una base jurídica; analizar la realidad social desde el derecho como sistema regulador de las relaciones sociales, o, identificar los fundamentos de las principales áreas de relación jurídica y organización en el campo del Trabajo Social (Fernández García, coord., 2009).
Esta relación es tan visible, que hasta en el Código Deontológico Internacional de los Trabajadores Sociales se recogen como principios básicos aquellos valores que están directamente relacionados con los medios necesarios para conseguir el avance progresivo de los Derechos Humanos (de la Red, 1993).
En definitiva, la complejidad de la sociedad, de las relaciones sociales y de los cambios y circunstancias que se producen en ella requiere de una visión interdisciplinar para conocer los fenómenos y poder actuar de manera más eficiente en ellos. En este sentido, el Trabajo Social, al estar nutrido por las teorías de otras disciplinas científicas no debe infravalorarse, sino que, apunta a una nueva forma de entender el concepto de disciplina, que incluye: “ 1) un conjunto de conocimientos con núcleos temáticos interrelacionados 2) acotado por caracteres propios: tanto en el método, pos principios y los procesos de investigación como en el aprendizaje de esos conocimientos y métodos” (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994: 158).
1.4       Psicologia
“La psicología es una ciencia que intenta estudiar, explicar y predecir todas las parcelas de la mente humana, traducidas principalmente en conductas y procesos psicológicos” (Fernández García, T. coord., 2009: 225). Esta disciplina ha influido notablemente en los modelos utilizados en Trabajo Social, así pues, varias de sus corrientes han aportado aspectos diferentes y complementarios a esta profesión (de la Red, 1993; Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994; Fernández García, coord., 2009).La escuela conductista de Watson ha influido en el Trabajo Social, principalmente, con sus aportaciones sobre el aprendizaje, la efectividad del refuerzo y la importancia de la imitación de los procesos de socialización.
El psicoanálisis freudiano ha matizado la importancia de la atención al estudio de la vida emocional del cliente, no tanto a sus experiencias pasadas, sino como forma de ayuda generalizada en el campo emocional. “Influencia que sigue hasta nuestros días y que ha sido la base del llamado modelo psicosocial o diagnóstico” (Escartín Caparrós y Suarez Soto, 1994: 153). Sin embargo, los objetivos del Trabajo Social fueron otorgando más importancia al entorno social y al ambiente familiar desencadenando la visión de que la historia no es producto de los instintos ciegos del hombre, sino de las influencias sociales que le provocan conflictos internos entre el egoísmo y el altruismo (de la Red, 1993). Así pues, comienzan a dotarse de importancia las relaciones interpersonales para conocer y reorientar a la persona, dando pie a una transformación hacia el trabajo con grupos para observar la personalidad y el comportamiento del grupo y del individuo en él.
De la corriente psicológica humanista, destaca la aportación de C. Rogers por su teoría sobre la relación de ayuda y la dinámica de las relaciones interpersonales. En este sentido, se considera que el individuo tiene en su poder todo lo necesario para actuar y desarrollarse, y el Trabajo Social se orienta como una profesión de apoyo y ayuda a que la persona consiga por sí misma aquello que se propone, puesto que internamente cuenta con todo lo necesario para conseguirlo (de la Red, 1993). Podría resumirse como una forma de creer en la persona y contribuir a su empoderamiento a través de la práctica profesional.
En definitiva, los conocimientos que aporta la psicología para la comprensión de la mente humana, su funcionamiento y cómo se puede comportar ante determinados hechos, proporciona al Trabajo Social un conocimiento aplicable en toda su metodología, sobre todo en el diagnóstico, la planificación del diseño de intervención y su aplicación (Fernández García, coord., 2009).
1.5       Medicina
La medicina no es una ciencia social, no obstante, también se relaciona de algún modo con el Trabajo Social. Ya Mary Richmond, teniendo en cuenta su experiencia personal y su trayectoria vital, tomó conceptos de la medicina y empleó un leguaje médico que en sus obras es muy habitual, en este sentido, se inspiró en la medicina para establecer las cuatro fases del Trabajo Social en su obra Diagnóstico Social (1917) donde el trabajo con casos lo diferenciaba en las siguientes etapas: recogida de datos, diagnóstico, pronóstico y tratamiento (de la Red, 1993).
Los aspectos médicos son necesarios en el trabajo social por la relación de este con la salud, con la enfermedad, o con cuestiones médicas de trascendencia social e invalidez. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud en 1948 define la salud como “el estado completo de bienestar físico, mental y social” (Fernández García, coord., 2009: 244). Por otra parte, el concepto de calidad de vida, tan presente en la actualidad, está asociado al concepto de tener salud y de no estar enfermo, pero además, también incluye el desarrollo de una vida plena, a raíz de lo cual toma relevancia el Trabajo Social como forma de capacitación personal y como desarrollo de potencialidades (Fernández García, coord., 2009).
Por otra parte, la relación entre medicina y trabajo social queda patente en la formación de los equipos multidisciplinares de “atención primaria de salud” y en “salud mental”, donde se requiere a profesionales del Trabajo Social. Es decir, en un principio, la medicina inspiró para Mary Richmond las fases de la intervención social técnica, y, actualmente, existe algún concepto que se sigue utilizando como “diagnóstico social, o historia social” pero la relación del trabajo social con la medicina va más allá, centrando su aportación en la influencia del bienestar social de la persona como otro de los factores que influyen en su salud.

Tras este breve recorrido por las ciencias que han influido en el Trabajo Social no se puede negar que su fundamento y desarrollo teórico ha sido posible gracias a las aportaciones de otras disciplinas científicas que han configurado su marco de referencia y sus conocimientos teóricos básicos. En este sentido, la realidad a la que se enfrentan los trabajadores sociales es multifactorial, y se puede observar desde multitud de perspectivas, además, como pudiese considerarse desde el modelo sistémico, las esferas que influyen en la vida social están interrelacionadas, con lo cual, los cambios que se puedan producir en una de ellas provocarán de manera explícita o tácita modificaciones en el resto. En este sentido, la reflexión que se puede plantear consiste en preguntar ¿por qué no conocer diferentes perspectivas de la realidad social para realizar una intervención más eficiente? Resulta interesante reconocer las aportaciones que han realizado otras ciencias para conocer desde un enfoque holístico qué factores inciden en la realidad social y así preparar la acción del Trabajo Social.


No hay comentarios:

Publicar un comentario